40 años de leyenda forjada sobre dos ruedas.

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40 años de leyenda forjada sobre dos ruedas

De Reynolds a Movistar (I)

Movistar Team, equipo de referencia en el pelotón ciclista, cerró esta semana los fastos por sus primeras cuatro décadas de historia, jalonadas por innumerables éxitos en los que han llevado siempre alto el nombre de Navarra y España por el mundo.

** Primero de dos artículos históricos publicados como suplemento comercial de Diario de Navarra, el domingo 3 de noviembre de 2019, con motivo del final de los 40 primeros años de historia de Movistar Team.

HISTORIA | Todas las temporadas de Movistar Team

ESTADÍSTICAS | Victorias, nombres y Grandes Vueltas

Todo empezó en Irurzun, en la fábrica de Industria Navarra del Aluminio. La empresa más conocida como INASA entraría, sin pensar que fuese posible, en la historia del deporte a finales de los años ’70. Una estructura ciclista aficionada, el Club Ciclista Irurzungo apoyado por los hermanos Jesús y José Legarra, unió sus caminos con la factoría de producción del papel de aluminio de la marca Reynolds. Con ellos, con Jesús -conocido como ‘Peluso’- y con su familia, se encontró en 1977 un tal José Miguel Echávarri. ciclista profesional a finales de los ‘60, que buscaba un acomodo en un equipo de la zona al uruguayo Héctor Rondán, a quien había conocido en un viaje a dicho país como entrenador de la selección española.

Esa implicación innata de Echávarri para resolver problemas cruzó a su vez la trayectoria del entonces Reynolds amateur con la figura de Eusebio Unzué. Necesitados de un director -‘Peluso’ había ejercido como director del Reynolds aficionado en sus primeros años, pero había de dedicar más tiempo al negocio familiar-, Echávarri, que había servido como descubridor de Rondán -doce victorias en 1978- y también de otras figuras como José Luis Laguía, se apoya en Unzué, hasta entonces seleccionador navarro de aficionados. Así se juntaron dos nombres clave para construir el bloque más prestigioso de cuantos ha conocido el ciclismo en España.

Los primeros ’80 para el Reynolds, hoy conocido como Movistar Team, son de aprendizaje y consolidación. Con una infraestructura siempre modesta pero con un estilo vanguardista y una apuesta ambiciosa -autobús de equipo, concentraciones invernales, presencia de mujeres en su ‘staff’ en un entorno hasta entonces hostil, componentes técnicos de la máxima calidad-, su llegada fue un impulso para un ciclismo español que vivía en esos años un enorme vacío con la retirada de Ocaña. Echávarri y Unzué logran resultados muy por encima de las expectativas: se estrenan con triunfo en la Vuelta a España de 1980, con una etapa para Dominique Arnaud en León, y logran el Gran Premio de la Montaña al año siguiente con Laguía. En 1982 llegaría el espaldarazo definitivo con dos figuras indispensables: Ángel Arroyo y Pedro Delgado.

Jesús Legarra, ‘Peluso’, con la plantilla de uno de los primeros equipos aficionados de Reynolds en la temporada 1977. (c) Archivo Abarca Sports

Baldosas amarillas

Ambos hicieron historia para Reynolds en el Tour de Francia. El abulense lo logró en su debut y el del equipo, 1983, con un equipo jovencísimo que se repuso de las difíciles primeras etapas para brillar a la montaña y lograr un histórico 2º puesto. El segoviano, de ida y vuelta a las filas de Echávarri y Unzué, muchas veces golpeado por el infortunio, coronó su madurez en 1988 devolviendo la gloria amarilla a España, hito que coronaría con otra ‘grande’, la Vuelta a España, en 1989. A sus espaldas y con tanto o más fulgor brillaron los Laguía, Julián Gorospe o un joven de Villava que en 1985 se convirtió en el líder más joven de la historia de La Vuelta -solo 20 años-, y que a lomos de ‘Perico’ conocería los mayores éxitos que la estructura navarra ha vivido hasta día de hoy.

Para volver al podio de los Campos Elíseos, en 1989 la escuadra Reynolds contó con un nuevo patrocinador: el Banco Español de Crédito, segundo de los solo cinco nombres que ha tenido el conocido como ‘equipo navarro’ -Illes Balears, Caisse d’Épargne y Movistar fueron los sucesores, ya en el nuevo milenio-. Banesto quedó, como Reynolds, asociado en el imaginario colectivo a una nueva época dorada del ciclismo. Miguel Indurain llevó Navarra a los altares con sus cinco victorias consecutivas en el Tour de Francia -récord todavía hoy vigente- y sus siete rondas de tres semanas, sumados los dos Giros de Italia logrados en 1992 y 1993. Hitos construidos en la sobriedad, el saber estar y una escuela insuperable. El aplomo en las situaciones más difíciles, un espíritu magnánimo ante los rivales y un ritmo destructivo y apabullante en la contrarreloj, su gran especialidad, al que sumar un empaque incontestable en las más altas cumbres. Admirado por compañeros y rivales en el pelotón, y reconocido por el mundo entero como uno de los ciclistas más grandes de todos los tiempos, quizás el mejor deportista español de siempre.

La dolorosa retirada, un 2 de enero de 1997, de Indurain -ciclista de un solo equipo, siempre en las filas de Echávarri y Unzué- dejó unos guarismos imponentes (97 triunfos en la estructura, cifra solo alcanzada por Alejandro Valverde el pasado año) y una huella profunda que el equipo hubo de superar reinventándose una vez más. La antesala del nuevo siglo llevó el nombre de Abraham Olano y, sobre todo, de José María Jiménez. Mientras el guipuzcoano dejó en las vitrinas una Vuelta a España y un Campeonato del Mundo contrarreloj -el segundo de la estructura, tras el cosechado por Indurain en Colombia-, ‘Chava’ cautivó a la afición española con su estilo inconfundible y su empuje en la escalada. Su mediática contienda frente al propio Olano en la Vuelta ’98, su triunfo en L’Angliru (1999) o sus éxitos en 2001 fueron la estela fulgurante de un auténtico campeón, al que la vida abandonó tan rápido como él la vivió siempre. Alex Zülle -2º en el Tour ’99-, Aitor Osa -3º en el Giro 2001-, Denis Menchov, Pablo Lastras o Francisco Mancebo fueron otros nombres de un conjunto al que la gloria no privó de verse al límite de la desaparición.

Miguel Indurain, con la famosa ‘mano’ que señalaba sus cinco victorias consecutivas en el Tour de Francia. (c) Graham Watson / Ciclismo a Fondo

Capaces de sobreponerse a todo

La mayor contrarreloj de Echávarri y Unzué, el equipo por el que pasaron en esos 14 años junto a Banesto otros navarros ilustres como los ahora directores José Luis Arrieta o Chente García Acosta, se produce en 2003. Todos conocen ya que el banco abandona el patrocinio principal. Pero las reuniones para encontrar un nuevo sponsor no fructifican. Echávarri pide a sus corredores esperar hasta después de la Vuelta a España. Hay una opción. El Gobierno balear está interesado en apoyar el proyecto. Suena Jan Ullrich, rival de Amstrong en tantos Tours. El reclamo perfecto para una tierra cuyo motor económico es el turismo. Sin embargo, su renovación con el equipo en el que militaba pone al ‘equipo navarro’ contra las cuerdas. Aun así, el empeño no cesa. Y a finales de octubre, con algo más de una docena de ciclistas aún pendientes de Echávarri y Unzué, llega la luz verde. El equipo sigue vivo.

Un año después de la entrada de Illes Balears, otro banco, la francesa Caisse d’Épargne, suma su apoyo y lleva al equipo hasta sus primeros treinta años de historia. Y en ese mismo 2005 aterriza un ciclista que aún hoy marca el devenir de la estructura de Unzué. Alejandro Valverde se convirte en el ciclista infinito. Aquel capaz de ganarlo todo. De imponerse al sprint ante velocistas consumados en el País Vasco, batir a los grandes clasicómanos en las Ardenas, enfrentarse sin miedo y con buenos resultados al adoquín flamenco o supera a los grandes escaladores en rondas de tres semanas. Un prodigio de la naturaleza, un talento incombustible -aún hoy al máximo nivel, 17 años después de su debut- y una personalidad entrañable, con una admiración y respeto dentro y fuera del pelotón solo equiparables a las que producía Indurain.

En 2010 -y con un séptimo Tour en el bolsillo, el logrado por Óscar Pereiro- se vive, sin embargo, la misma agitación que siete años atrás. La caja de ahorros no prolonga su colaboración con Abarca Sports y es un antiguo patrón del equipo, Luis Abril, que había trabajado junto a ellos en la época Banesto y ahora formaba parte de Telefónica, quien mueve sus hilos para convencer al presidente de la compañía, César Alierta, de la necesidad de salvar al único conjunto de máximo nivel en España. Podía ser la estocada definitiva a un deporte inmerso en su época más oscura por la lacra del fraude deportivo. En agosto llega el OK definitivo. Abril es rotundo en la rueda de prensa de presentación del patrocinio en la Vuelta de ese mismo año: “Movistar será el patrocinador más importante que haya llegado al ciclismo en toda su historia y la apuesta deportiva número uno de Telefónica”.

Sigue en “Movistar Team: Nueve años de crecimiento y éxitos” > Parte II

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